¿Qué consecuencias pueden tener los resultados de las elecciones legislativas en Argentina?

  • Oops !
    Une erreur est survenue.
    Veuillez réessayer plus tard.
·13 min de lecture
Dans cet article:
  • Oops !
    Une erreur est survenue.
    Veuillez réessayer plus tard.

El domingo 14 de noviembre se llevarán a cabo las elecciones legislativas en Argentina, en las que se renovará aproximadamente la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio de la de Senadores; los comicios funcionan como un virtual plebiscito del Gobierno de Alberto Fernández, quien ya lleva cerca de dos años en el poder.

Un plebiscito que muchos ven –desde la oposición, pero también desde el oficialismo– con resultado cerrado; un resultado en el que, puntos más, puntos menos, se repetirían los de las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) que tuvieron lugar el 12 de septiembre pasado.

En ese primer 'round' electoral, la coalición de unidad peronista a la que pertenece Alberto Fernández, el Frente de Todos (FdT), obtuvo a nivel nacional el 31% de los votos, mientras que la oposición de Juntos por el Cambio (JxC), partido del expresidente Mauricio Macri (que no es candidato a ningún cargo), ganó con un 40%, al sumar los votos de todo el país.

Tras meses de pandemia, cuarentena, una crisis económica que ya venía del Gobierno de Macri pero que se agudizó, de tensiones al interior del FdT, el oficialismo quedó lejos del casi 48% que había conseguido en las presidenciales de 2019, cuando venció a JxC con una diferencia de ocho puntos.

Ante ese escenario, el Gobierno anunció una serie de medidas especialmente vinculadas con lo económico, como un aumento del salario mínimo, mayores partidas de asistencia social y créditos, y una modificación tributaria que beneficia a personas de ingresos medios y medios-altos. Además, para intentar contener la inflación, impuso el congelamiento de precios en productos básicos y negoció con los laboratorios de medicamentos que no realicen aumentos hasta el 7 de enero de 2022. También salió a hacer una fuerte campaña en los distritos en los que ve alguna oportunidad de recuperar votos.

En el FdT creen que tienen algún margen si aumenta la participación, que en las PASO fue de poco más del 66%. Mucho de ese voto es el que salió a buscar el oficialismo durante la campaña. Es la gran apuesta en la provincia de Buenos Aires, tradicional bastión peronista y corazón del kirchnerismo, en el que viven alrededor de un tercio de los habitantes de Argentina. Un empate allí, donde el oficialismo sacó en las primarias casi el 35,5% de los votos y JxC cerca del 40%, posiblemente sea considerado como una victoria para el FdT.

¿Una nueva relación de fuerzas en el Congreso?

La votación, en la que se eligen 127 diputados de un total de 257 y 24 senadores de 72, definirá la relación de fuerzas en el Congreso. Para el Gobierno es clave intentar conservar algo del margen de maniobra que hoy tiene. Si se repiten los resultados de las PASO en las ocho provincias que eligen representantes para la Cámara Alta, el Gobierno perdería no sólo la mayoría, sino también el quórum propio en el Senado, que preside Cristina Fernández de Kirchner, en su carácter de vicepresidenta de la nación.

Por eso quiere revertir los resultados en la provincia de La Pampa, en el centro del país, donde también fue derrotado por JxC. "Si el peronismo retiene La Pampa, mantiene el quórum, formalmente", le dijo a France 24 en Español el politólogo Pablo Touzón. Pero eso no asegura, cree, que los gobernadores peronistas que hoy están alineados con el FdT se mantengan de la misma forma.

Por otro lado, en la Cámara de Diputados habría una relación de fuerzas más pareja, porque ahora el oficialismo, que es primera minoría, dejaría de serlo. Un gobierno debilitado en ambas Cámaras tendría más difícil sacar proyectos legislativos propios, especialmente en un contexto de postpandemia, en el que podría pensar en avanzar con políticas no vinculadas con esa emergencia. Pero también cualquier revisión impositiva o una reforma judicial, en la que el Gobierno insiste desde el comienzo del mandato, se verían con mayores trabas.

El Congreso también debería aprobar un eventual acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, el gran desafío financiero de Fernández, que busca reestructurar un préstamo de 45.000 millones de dólares del organismo, para, entre otras cosas, no tener que enfrentar los pagos de la parte más gruesa de esa deuda, que deberían cancelarse hasta 2023, cuando nuevamente habrá elecciones presidenciales en el país.

"El Frente de Todos, como se planteó en 2019, no existe más, es un holograma"

En términos de gobernabilidad hay algo más: el resultado de las PASO causó un cimbronazo en el FdT, con un fuerte rediseño del gabinete nacional y el de la provincia de Buenos Aires, gobernada por Axel Kicillof, muy cercano a la vicepresidenta. En ambos casos cobraron mayor peso figuras del peronismo no kirchnerista. Además, se volvieron más visibles las tensiones al interior de la alianza de gobierno, en la que la sospecha de la sociedad, desde un inicio, es que el poder decisivo, la última palabra, la tiene la vicepresidenta y no el presidente que ella eligió para que la acompañara en la fórmula para llegar al Ejecutivo.

No obstante, le dijo a France 24 en Español Juan Negri, director de la carrera de Ciencias Políticas de la Universidad Di Tella, "me da un poco la sensación de que el cimbronazo ya se absorbió, el efecto sorpresa en las PASO fue mayor y hoy ya se espera que el resultado no sea muy positivo". En todo caso, sostiene que esta "es una elección importante para definir qué carácter va a tener el peronismo, la relación entre el peronismo y el kirchnerismo".

Hay una coincidencia general en que la crisis en el FdT es profunda. Para el politólogo Pablo Touzón, directamente, "el Frente de Todos, como se planteó en 2019, no existe más, es un holograma". Eso no quiere decir que se rompa o deje de existir, pero sí invita a otra pregunta: ¿la principal figura aglutinadora del FdT, la gran traccionadora de votos y referente carismática del movimiento, Cristina Fernández de Kirchner, está perdiendo algo de su relevancia? En la oposición y algunos en el peronismo bien lo creen, bien lo desean.

Para el consultor de opinión pública Jorge Giacobbe, si el 14 de noviembre el Gobierno queda por debajo del 35% de los votos "entonces quizás estemos frente al inicio del ocaso de la misma Cristina Kirchner". En un reciente informe, Giacobbe señaló que "ese escenario redefiniría todo el juego de las identidades políticas que, desde hace décadas, se referencian en torno a su presencia: propios, aliados, enemigos recuperados y rivales de siempre".

De todos modos, Juan Negri sostiene "hace tiempo que se viene diciendo que Cristina se acabó, que el kirchnerismo se terminó, y lo cierto es que Cristina ha mostrado una resiliencia bastante notoria". Pero considera que ella "cada vez tiene menos activos para negociar", algo que Touzón ve también como una pérdida de "capacidad coalicional". Por otro lado, Touzón cree que tras casi 20 años de kirchnerismo como fuerza clave de la disputa política argentina, ese movimiento está agotando su "narrativa de contrapoder". Y cree que un ocaso de la vicepresidenta implicaría una transformación en todos los ámbitos de la política: "Si el sistema político argentino está armado en torno a Cristina, si el liderazgo de Cristina entra en crisis, es probable que los demás también".

"Cuando viene un libertario y dice que el Estado no funciona, toca un nervio social"

Pero, hasta que esa crisis se materialice, si se materializa, todo indica que el gran ganador de las elecciones sería JxC. Y, dentro de esa coalición, el jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, que no es candidato pero que terminó siendo determinante en el armado de las listas que van a competir en su distrito y en la provincia de Buenos Aires. Algunos también ven que esta elección puede ser una oportunidad para que la más que centenaria Unión Cívica Radical (UCR), uno de los socios minoritarios de JxC, logren fortalecerse en la coalición, gracias a su capacidad electoral en algunas provincias. Aunque Juan Negri pone paños fríos: "Yo creo que ahora lo que la UCR está sintiendo, siendo un poco más optimistas de lo que deberían ser, es que tienen cartas como para renegociar el acuerdo (al interior de la coalición)".

¿Y si se materializa la crisis por un debilitamiento del kirchnerismo? En principio, el politólogo Pablo Touzón cree que tanto el kirchnerismo como el macrismo, movimientos nacidos en los últimos 20 años, han mutado mucho y tienen margen para seguir mutando. Para Negri, en todo caso, "los dos años que quedan son de perspectiva muy mala, en la que vamos a seguir teniendo esa situación de disfuncionalidad, en la que Cristina le marca la cancha (al presidente)". Pero, al igual que otros, no espera una radicalización por izquierda del oficialismo.

Lo que sí aparece en este contexto es un cuestionamiento del escenario político establecido. En palabras de Touzón: "Si en 2001 fue la crisis del consenso de Washington, de la década menemista (los años del Gobierno del presidente peronista y neoliberal Carlos Menem), con asambleas barriales, piquetes, club del trueque, hoy parece ser todo lo contrario, después de 20 años de hegemonía cultural del kirchnerismo, el antiestablishment parece ser de derecha".

Ese sentimiento antiestablishment está encarnado en propuestas ultraliberales (las definiciones van de liberales a libertarios) y con profundo discurso antisistema. El más visible de sus representantes es Javier Milei, un economista sin experiencia en la política que quedó tercero en las primarias para Diputados en la Ciudad de Buenos Aires. "El auge libertario se relaciona con la crisis del Estado", dijo Touzón, "que fue muy rico en los años 2000, fue poco inflacionario, un Estado con muchas posibilidades de hacer política autónoma, desendeudarse; eso cambió en la última década, pero no cambió el 'mindset' (la mentalidad) del kirchnerismo". Entonces, señaló, "cuando viene un libertario y dice que el Estado no funciona, toca un nervio social". Es posible que una figura como Milei le saque votos a todas las otras fuerzas, pero por proximidad ideológica, lo miran con atención desde JxC. De hecho, ya hubo intercambios amistosos entre el novel candidato y Mauricio Macri.

Si por derecha la fuga de votos es desde JxC, por izquierda es desde el FdT. El Frente de Izquierda, que aglutina a movimientos trotskistas, terminó como tercera fuerza a nivel nacional en las PASO. Según Touzón, "el crecimiento de la izquierda se da un poco por el rechazo a la política en general y porque le están sacando votos al cristinismo, eso se ve claramente en la Ciudad de Buenos Aires".

Aunque no van a desplazar a las dos principales coaliciones, los buenos resultados conseguidos por los libertarios y por la izquierda son síntoma de un descontento y desgaste de la propuesta bicoalicional que gobierna Argentina desde 2003.

"Hay algunas cosas que parecen inexorables: va a haber una aceleración de la devaluación"

Un descontento que tiene su principal arraigo en el estado de la economía, que arrastra hasta 2021 tres años de recesión; una inflación que no baja del 24,8% desde hace cinco años y hoy está por encima del 50% anual; un 40,6% bajo la línea de la pobreza y un 10,7% bajo la de indigencia; y un desempleo del 9,6%, con altas tasas de informalidad y cuentapropismo de bajos ingresos. Si bien es cierto que 2021 está mostrando cierto rebote en la actividad tras el progresivo relajamiento de las restricciones vinculadas a la pandemia –las estimaciones oficiales esperan que la economía crezca un 8% este año–, algunos pronostican una ralentización para 2022.

Según Elisabet Bacigalupo, jefa de análisis macroeconómico de la consultora ABECEB, en 2022 el crecimiento podría ser de 2%, que es bajo en un contexto de postpandemia. Considera que el país se encuentra en "el peor de los momentos", por una combinación de alta incertidumbre y ausencia de anclas para las expectativas de los actores económicos. "La madre de todas las anclas que faltan es precisamente el ancla política", le dijo a France 24 en Español. Esto es así, de acuerdo con la economista, porque no se sabe qué hará el Gobierno tras las elecciones, qué reacción tendrá la vicepresidenta y los gobernadores y cuánto margen de maniobra conserve el presidente.

Pero además de la política, considera Bacigalupo, tampoco hay ancla fiscal, por el elevado déficit fiscal y falta de acceso al crédito, entre otros factores; monetaria, por falta de independencia del Banco Central y falta de claridad sobre un posible programa monetario; ni cambiaria, porque a pesar de que el tipo cambio oficial crece lentamente eso no ha logrado controlar la inflación. En este contexto, dijo: "Hay algunas cosas que parecen inexorables: que va a haber una aceleración de la devaluación". Lo que no está claro es si será un salto o un crecimiento progresivo. Para 2022 prevé una inflación del 50%. En cualquier caso, señaló: "No vemos al gobierno ni hacia un giro fuerte hacia la radicalización ni hacia la moderación total". Sí cree que seguirá habiendo congelamiento de precios, límites en el mercado de cambios de divisas, porque "está en el ADN de esta coalición gobernante".

"Hay que volver a ordenar todo, pero no en el viejo orden, sino en algo nuevo, distinto y mejor de lo que tuvimos"

Argentina tiene enormes desafíos; pero hay uno central, que a veces queda opacado por la inmediatez de las necesidades y las demandas: el de los consensos de largo plazo, que permitan establecer grandes políticas de Estado que se sostengan en el tiempo y garanticen lo que habitualmente se llama seguridad jurídica, o también, simplemente, previsibilidad.

Es un proyecto que se vuelve atractivo para los gobiernos en situación de debilidad, que agitan entonces la bandera blanca del gran acuerdo nacional. El asunto, allí, es que del otro lado suele haber una oposición que se asume fuerte y, por lo tanto, en una situación en la que le resulta políticamente más rentable romper que acordar, disentir que converger. Esta vez la bandera de un pacto nacional la agitó el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, del FdT. Pero del lado de la oposición, fortalecida tras las PASO, no asomó interés.

En 2019, cuando todavía era presidente Mauricio Macri y aún no se habían celebrado las elecciones en las que Alberto Fernández ganó la Presidencia, Cristina Fernández escribió estas últimas líneas en su libro 'Sinceramente', acerca de un posible acuerdo nacional, que involucre a los partidos políticos y otros factores de poder del país: "Se requiere algo más profundo y rotundo: un nuevo y verdadero contrato social con derechos pero también con obligaciones, cuantificables, verificables y sobre todo exigibles y cumplibles. Un contrato que abarque no solo lo económico y lo social, sino también lo político y lo institucional. Hay que volver a ordenar todo, pero no en el viejo orden, sino en algo nuevo, distinto y mejor de lo que tuvimos".

Argentina parece estar poniéndose a discutir en estos comicios legislativos qué es exactamente el viejo orden, qué es lo nuevo, y qué sería eso "mejor que lo que tuvimos". Esa discusión, según decía Cristina Fernández, debe saldarse "antes de que sea demasiado tarde; porque así no va más". Y aunque hoy en las calles del país no se siente un humor, un clamor, como el del 2001, el año de una crisis tal que llevó a la renuncia del entonces presidente Fernando de la Rúa, sí hay una suerte de rumor en el que se percibe un sonido muy parecido a ese "así no va más" con el que la vicepresidenta daba cierre a su texto.

Notre objectif est de créer un endroit sûr et engageant pour que les utilisateurs communiquent entre eux en fonction de leurs centres d’intérêt et de leurs passions. Afin d'améliorer l’expérience dans notre communauté, nous suspendons temporairement les commentaires d'articles