Boric o Kast: el Chile centrista de siempre se fue a los extremos

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Los resultados de la elección presidencial en Chile causaron sorpresa e interrogantes. Un país que hace seis meses dio un giro a la izquierda amanece este lunes con un fuerte apoyo a la ultraderecha de José Antonio Kast, que consiguió el mayor número de votos y enfrentará al izquierdista Gabriel Boric en segunda vuelta.

Aunque las encuestas previas a las elecciones en Chile apuntaban a un empate técnico -como casi sucedió en la práctica puesto que a los dos candidatos los separa un 2% de diferencia-, el ultraderechista José Antonio Kast se impuso como ganador de la primera vuelta de las presidenciales, al reunir casi un 28% de los votos. Por su parte, el izquierdista y exlíder estudiantil Gabriel Boric logró casi el 26% de las preferencias. Ninguno de los dos alcanzó la mayoría y deberán enfrentarse en una segunda vuelta, prevista para el 19 de diciembre.

Sin embargo, con el recuerdo fresco de los comicios regionales de junio que favorecieron a las fuerzas de izquierda, muchos pensaban en una victoria de Boric más amplia y contundente. Con los números puestos, su discurso del domingo por la noche tuvo sabor a derrota. El exlíder estudiantil apenas modificó el número de apoyos que había logrado en elecciones primarias y, por lo tanto, no aumentó su masa de votantes, que quedaron concentrados de forma muy significativa en la población urbana, más joven, de la Región Metropolitana.

Mientras tanto, Kast arrasó en todas las regiones del país. En algunas, como la Araucanía, recientemente militarizada por el gobierno de Sebastián Piñera y donde el candidato propone mano dura y más fuerza, logró una mayoría aplastante de un 42 % de los votos frente a un 16% de Boric.

Por su parte, estas elecciones también marcaron el desmoronamiento de las dos coaliciones que han gobernado en Chile desde la vuelta a la democracia: la centroderecha que representaba Sebastián Sichel sumó solo el 13% y la centroizquierda de Yasna Provoste alcanzó el 12%.

Kast, un pinochetista que impulsó el triunfo de la derecha

Además del liderazgo de Kast en la primera vuelta, la derecha logró un resultado histórico en el Senado, que renovaba una parte de sus miembros y donde obtuvo la mayor representación desde el regreso de la democracia. Mientras que la Cámara de Diputados se caracteriza por una mayor división de fuerzas, y por una mayor representación femenina, que pasó de 36 a 55 mujeres. Así, constituye un tercio de este organismo, compuesto por 155 diputados.

“La primera sorpresa es José Antonio Kast, que representa la extrema derecha y la reivindicación del pinochetismo más duro, cuya agenda incluye la anti-inmigración, la lucha armada en el sur del país, el restablecimiento del orden público a raíz de lo ocurrido en el estallido social, mediante la negación a la violación de los derechos humanos y el apoyo a Carabineros de Chile y a las Fuerzas Armadas”, analiza para France 24 Rodrigo Espinoza, doctor en Ciencia Política y académico de la Universidad Diego Portales.

Kast, que nunca ha negado su admiración por la dictadura de Augusto Pinochet, fue exitoso en desmarcarse de la baja popularidad del actual gobierno de Sebastián Piñera. “Logró posicionarse como un opositor a Piñera en lugar de como un continuador, siendo el continuador natural obviamente Sichel”, afirma el analista.

Boric, afectado por la debilidad de su coalición fuera de su bastión electoral

Para Espinoza, el resultado de Boric, más decepcionante, se debe a “la debilidad que ha tenido históricamente (la coalición del) Frente Amplio en los últimos 8 años", en relación a que "es muy fuerte en su bastión electoral tradicional”, que es la Región Metropolitana junto a las ciudades de Valparaíso y Viña del Mar, pero se enflaquece en otras regiones. “En el norte y en el sur del país, la candidatura de Boric no tuvo un buen desempeño. Su campaña debería centrarla en un trabajo territorial más exhaustivo”, sostiene el analista.

Según el académico, Boric no logra convencer al electorado de regiones más rurales, con una propuesta más vinculada para muchos a una izquierda europea similar a la de Podemos en España. Su plan no resuena con los sectores regionales chilenos, a pesar de reivindicar sus orígenes como magallánico, en el sur patagónico del país, y de enarbolar un discurso descentralizador.

Para Marcelo Mella, analista político de la Universidad de Santiago (USACH), los resultados “confirman el escenario de polarización que ha caracterizado esta carrera presidencial en Chile" y proyectan una radicalización para la segunda vuelta.

Mella indica que “el hechizo del 18 de octubre” (en relación a la fecha de inicio de las protestas que derivaron en el estallido social de 2019), que se manifestó tanto en el plebiscito para la reforma constitucional como en la elección de Convencionales Constituyentes en mayo pasado, parece haber sido limitado. Para el analista, se produjo un freno “a la transformación institucional por problemas y urgencias derivadas de la crisis económica de la pandemia”. Así, “hay dos fuerzas en pugna, una que se orienta a la transformación en el largo plazo y otra que se orienta a recuperar condiciones de estabilidad y orden en el corto plazo”, apunta Mella.

Impulso transformador vs percepción de seguridad

“Opera una fuerza antagónica al impulso transformador que es una demanda de seguridad y estabilidad derivado de los efectos económicos de la pandemia y también de la incerteza del proyecto de Gabriel Boric sobre cómo resolver el tema del orden público, que es un problema que arrastra Chile desde el estallido social”, analiza Mella.

Para el analista, el giro a la derecha en distintas regiones del país se explica "porque la problemática del orden público tiene distintas dimensiones e intensidades”.

Mientras en el norte de la nación andina el problema está vinculado al narcotráfico e inmigración ilegal que ha despertado preocupación entre la población, en el sur la “ineficacia reiterada de distintos signos políticos se ha transformado en una situación de mayor gravedad por los niveles de violencia” con organizaciones que ingresan armas al país y utilizan estrategias de contra-insurgencia en torno al conflicto con la población mapuche y los pueblos originarios y sus reclamos ancestrales.

Los focos de violencia, otro elemento decisivo en la campaña

Para Mella, desde 1989 en adelante un tema que no se ha resuelto adecuadamente en Chile “es el crecimiento de ciertos focos de violencia”, ya sea política o criminal -vinculada al narcotráfico, entre otros flagelos-, que hoy en día para sectores amplios de la sociedad requiere una solución urgente e impostergable. En ese sentido, “el discurso de la recuperación y restablecimiento del orden, podría tener una tracción electoral” que supera al impulso transformador del cambio social, considera Mella.

En este punto coincide Miguel Angel López, académico del Instituto de Asuntos Públicos y del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile. Para él, Boric “cometió un error muy grande y es que dentro de su discurso político no le dio mucha importancia a la seguridad y a la delincuencia". "Fue un error táctico porque si uno ve la televisión chilena está llena de reportajes sobre criminalidad”, explica.

“Hace un mes, Boric comenzó a darle más fuerza al discurso de seguridad, pero llegó un poco tarde. El discurso de orden, de seguridad ciudadana está más vinculado a la derecha y muchos perciben a Kast como más capacitado” para llevar a cabo este tipo de políticas, indica López. Estas interesan no solo a gente de ingresos económicos altos, sino también a pequeños empresarios, trabajadores o personas que viven en sectores más vulnerables, como poblaciones o campamentos.

“La gente de centro empezó a asustarse con la llegada de Boric al poder (favorito en las encuestas durante un tiempo) sobre todo porque sus programas económicos no son muy claros y han sido considerados por muchos como bastantes irreales”, agrega López, señalando que tampoco el programa económico de Kast es considerado muy real.

“Empezó un temor grande al desplome económico del país, con noticias de fugas de capitales, alza del dólar, de la inflación, y mucha gente de centro, frente a este temor e incertidumbre, empezó a mirar a Kast”, apunta el analista. Un síntoma: el lunes, tras los resultados electorales, la Bolsa de Santiago repuntó fuertemente.

"Kast es un tipo ultraconservador, el representante de una derecha que pensamos que había muerto hace 30 años, hiperconservadora, religiosa, contraria al aborto. Es una derecha que representa algunos valores que eran clásicos de la sociedad chilena hace tres generaciones pero que no representan a los valores actuales”, afirma López. No obstante, para el analista, el miedo a Boric y a su alianza con el Partido Comunista, que causa mucho rechazo en Chile, llevó a varios votantes hacia la opción ultraderechista.

Así, añade Espinoza, se plantea una segunda vuelta que “enfrentaría a dos interpretaciones" sobre lo que significó el estallido social y el proceso constituyente.

"Boric va a llamar a la moderación para ofrecer certezas pero al mismo tiempo instará a la continuidad y profundización de las reformas políticas que surgieron como petitorio del estallido social, incluyendo el proceso constituyente en curso”, mientras que Kast representará todo lo contrario, concluye Espinoza.

Para López, “el ganador va a salir de los que logren estar más cerca del centro”. Un centro elusivo, que se desvaneció en estas elecciones de noviembre.

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